martes, 12 de julio de 2011

Proyecto Narrativo

Van algunas ideas, chiquitas, desordenadas, inconclusas,se darán cuenta por lo menos de que piensa tratarse el proyecto.

Mediodía. Me encuentro en la línea B del subte de capital. Ängel gallardo es la estación afortunada.
Un sujeto, perseverante, intenta traspasar la pared. La lógica no resuelve mi ecuación. Me pregunto qué pretende.
Lo llevo a la salida- le ofrezco.
Cinco  segundos tardo en darme cuenta de que el hombre es ciego, e indudablemente sordo.
La gente pasa a su lado, sin tender a mirar, están demasiado ocupados. Como siempre, algo más importante hace ignorarnos. Llamo al de seguridad. El hombre a mi no me responde. El de seguridad le grita.  Me arrepiento de haberlo llamado. Desisto y me alejo.
Cuatro minutos después veo al mismo hombre, ciego y sordo, vendiendo cremas de enjuague en el andén.
El subte.

Viajar en el subte, sin mucha gente, con mucha música, es uno de mis placeres insolentes. Apoyarme en un rincón y ver como la rutina se personifica, camina. Las caras de estrés abundan, mis ganas de viajar también.
Transporte subterráneo, semejante al tren,  inauguró su primera línea el 1 de Diciembre de 1913.
Camino por el largo y apagado pasillo de la línea C, repleta de estudiantes, pues la misma desemboca casi dentro de la Facultad de Cs. Sociales y la UADE. Propaganda política, publicidad de celulares, publicidad de plazos fijos, una pegadita a la otra.
¿Querés probar la nueva cerveza Quilmes sin alcohol?- me ofrece una promotora.
Y bueno, dale- contesto con poca fé, corroborando mi fuerte hipótesis: es igual, igual de fea.
Minutos después, mientras espero el subte, una chica distraída pasa y se tropieza con la pierna de una viejita sentada al lado mío.
Perdón!- dice la viejita.
La chica mira con cara de bronca y sigue su camino.
Es que ahora la juventud ni mira por dónde camina- le comenta la viejita a otra viejita sentada a su lado.
Si, viste?, mi nieta habla en otro idioma con sus amigos, yo no entiendo nada, se la pasan diciéndose boludo de acá, boludo de allá- comenta la segunda viejita.
Extraña respuesta concluyo. Llega el subte, me quedo escribiendo, se paran las dos viejitas. La primera tropieza conmigo.
Abundan los vendedores ambulantes: libritos, figuritas, galletitas, linternitas, cucharitas, paletas atrapa mosquitos, encendedores, son algunas de las baratijas esperables.
Abundan también los mochileros, siempre con un mapa, investigando los ramales del subte. Y pienso: mientras toda esta muchedumbre de gente, la mayoría,  se toma el subte a la mañana, como primer parte engorrosa de su largo y tedioso día, otra gente, con mochila, se encuentra disfrutando de  observar toda esa rutina, como si flotara por encima del estrés y se riera del mismo,  y así  entonces, lo engorroso de nuestra rutina se torna hasta pintoresca para el extranjero.
¿La ayudo a bajar?-le pregunto a una tercera viejita, abrazada a la baranda.
No!, gracias- contesta con una enorme y tétrica sonrisa.
Me hago cargo de los años, o ellos de mí , en fin, en un rato llego.
Me siento a esperar el subte, escribiendo dejo pasar dos. Cuando esta por arribar el tercero veo de lejos a la viejita llegando.

martes, 5 de julio de 2011

Proyecto narrativo

Una crónica de viajes es lo que más me gustaría hacer. Me dan muchas ganas de viajar con un anotador en la mano, con una canasto de preguntas, e ir regalando un par a medida que cambio de estación. Al principio se me ocurrió hacer una crónica en el norte del país, antes de este proyecto, mi idea era viajar para allá en estas vacaciones. Mi mejor amiga se fue a vivir a Cafayate, mi idea era visitarla, y tener más que una excusa amistosa, para ir. Pero ese viaje se pinchó, una serie de factores hicieron que lo tachara de mi agenda.
Después se me ocurrió hacer una crónica urbana, y no necesitar irme tan lejos para que las ideas comiencen a brotar. Se me ocurrió elegir un barrio y recorrerlo a fondo, lograr un buen proyecto narrativo, y expandir mis áreas de conocimiento geográfico. Es  en lo que ando ahora, intentando ver que encuentro y si lo que encuentro me interesa.
Estoy leyendo mucho Caparrós, me encantaron las crónicas leídas en el taller, y antes de que Claudia las recomendara, El Interior  ya estaba en mi mochila.
Me tomo mi tiempo.