viernes, 22 de abril de 2011

OJO

¿Cómo poder explicarlo? Él lo había visto todo. Tanto tiempo le había costado, tantos experimentos, pues la receta perfecta se rehusaba a ser descubierta.
Había viajado por todo el mundo, se había entrometido en los más recónditos lugares, había estado caminando por éste y por centenares de planetas más, y no había podido dar con la fórmula.
Lo único que él quería era poder verlo todo. Admirar los cinturones de estrellas cercanos a Plutón, visualizar cada cráter, cada mineral, cada huella, cada ser vivo de cada constelación del universo. Pasearse por el aire, chocarse con un satélite, tomarle una fotografía a la explosión de origen.
Pero todo a la vez, la simultaneidad era requisito estructural. Él quería tener el poder, la capacidad de verlo todo, todo lo que exista en cualquier lado, en cualquier tiempo, a la vez.
Y para arribar a ese conocimiento, llevaba años probando. Había intentado lo que fuera para lograrlo, desde fórmulas científicas, hasta reiki, meditación y yoga, pasando por la invención de distintas máquinas, algunas con más semejanzas a un lavarropas que otras. Viajes, visitas al núcleo de la tierra y a las islas más lejanas, habían sido parte también.
Había escuchado algo, en tiempos lejanos, cuando todavía era un niño que correteaba por los pasillos jugando con aviones de papel. Algo que lo había hecho volar, y no sobre papel. Lo había hecho alejarse de esta realidad palpable, lo había llevado muy lejos. Había plantado en su interior una semilla, semilla que traería consigo el deseo de saber, de conocer, de ser capaz de mirar y descubrir la esencia de las cosas. Ese poder que se dice, sólo Dios tiene. Dios, energía, naturaleza, da igual. Él quería sumarse a esa lista y adquirir ese poder. Poder que mal intencionado, le permitiría vigilar, controlar o manipular el espacio. La línea entre la ingenua curiosidad y la ambición, era delgada, demasiado.
El futuro, el destino, la verdad, se convertían en paquetes, elementos de tan grande envergadura que no entran siquiera dentro de una definición, ahora podían volverse pequeñas cajitas, vulnerables de ser confiscadas, arrebatadas por él.
Y un día, por perseverancia, suerte o destino, lo descubrió.
Y ese día, dicen por ahí, las cosas cambiaron. Varios testigos han afirmado haber sentido una extraña sensación. Como si el paradigma de existencia cambiara, como si la tierra se sintiera desnuda, alguien había descubierto su secreto más profundo, su verdad más verdadera, su esencia.
Ese alguien había sido él.


maná

2 comentarios:

  1. Que persona tan perseverante tu personaje. Dicen por ahi que quien busca encuentra y debe ser asi.
    Me surguio la duda de ¿quien es el? ¿ como logro su objetivo?

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  2. Mercedes, algunas de tus preguntas las contesta la siguiente versión de este cuento.

    María, la podrías subir? Me parece que ya te había escrito este comentario, pero no lo veo aquí. Puede ser que se haya borrado?

    Saludos!

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