Les voy a contar cómo llegué al Centro Cultural Carlos Gardel. Es un pequeño secreto. No, más bien uno grande. Al leer estas líneas se comprometen a no divulgarlo, pues mi reputación se vería derribada por mi poca ubicación geográfica. El mencionado centro está ubicado en Olleros 3640, esto es a pocas cuadras de la antigua sede de sociales. Lo que he hecho entonces, fue haber ido a la antigua sede y volver. Claro, en el viaje de vuelta a casa, pasaría por el centro, como hacía todos los días al volver a casa, el año pasado.
Mi primera impresión del centro, al entrar, fue buena. Menos mal, como dicen por ahí, para todo hay segunda oportunidad, menos para la primera impresión. Es un lugar enorme, de ladrillos grises y barandas rojas, con aspecto moderno y muy bien cuidado. Tiene una mesa redonda en el centro y un par de sillones al fondo, antes del telón. De la mano derecha, encontramos los baños y la cocina, la recepción se encuentra a la izquierda. En ella, trabaja una buena señora. Al enterarse ella, que yo era de la UBA, no hizo más que bien predisponerse a contarme todo lo que realizaban ahí. Me contó también que se le había ocurrido un proyecto para estudiantes. Según ella, los estudiantes de sociales deberíamos tener nuestro espacio en el centro, para ver películas o exposiciones y debatir. Me robó una sonrisa claro, y me invitó a dar las vueltas que quisiera por el lugar.
Cerca de la recepción se encuentran las salas 1 y 2 de exposiciones. Desilusión al entrar, pues había unos cuadritos pequeños en las paredes, y nada más. Esa fue mi segunda impresión. El centro, es enorme, tiene mucho potencial, podría estar lleno de exposiciones, de obras, de muestras, de espacios compartidos, de gente, de arte. Sin embargo, parecería estar desaprovechado, por lo menos en este momento, pues hay lugares, hay espacio pero no hay nada en ellos, está vacío.
Sin mucha vuelta crucé el telón. Frente a mí, un escenario de grandes dimensiones, con espacio para muchas sillas, con un camarín y unos baños detrás. Claro, uno al verlo si visualiza lo que la buena señora de la recepción nos mencionó hace un ratito, hace mucho tiempo, éste era un establo de caballos, cabe imaginar entonces las dimensiones del galpón. Es genial, al verlo, uno fácilmente puede imaginarse una divertida obra robándose el espacio. Sin embargo, como todo lo demás, el escenario está vacío, demasiado limpio, demasiado quieto.
Lo que si me gustó, fue leer que todos los últimos jueves de cada mes, la radio 91.3 transmite sus acústicos en vivo, imaginé que un día como ese, el escenario se vería distinto.
En el piso de arriba por último, la biblioteca, la cual abre sólo por la tarde, y la última sala de exposiciones, la 3, también vacía.
La única exposición que pude contemplar, fue la del los pequeños trajes de la Revolución de Mayo. Esta expo intenta demostrar cómo fue variando nuestra vestimenta desde el 1810 al 2000. Así, encontramos trajes como vestidos bordados a mano, vestidos de noche, el primer guardapolvo, el corsé, la vestimenta de paisano, los trajes de baño y los primeros joggings, el overol industrial y el tan habitual jean. El último de los trajes, era uno que simulaba ser del año 2000, según esa época. Era gracioso ver un traje como cualquier otro, o aún más antiguo, pero plateado, lo que le daba el aspecto de futurista.
Algo para destacar, según la buena señora de la recepción, cualquiera que quiera presentarse en el Centro, acompañado del arte en el cual se desempeña, puede hacerlo, avisando con seis meses de anticipación.
Antes de irme, una contradicción se dio lugar. Empecé a visualizar mucho movimiento, gente descargando grandes cuadros, gente barriendo, gente acomodando y preparando el centro para lo que se ve, sería alguna gran ocasión. Al preguntar, me dijeron que en pocos minutos arribaría Favio Posca, actor de Los únicos, para filmar ahí algunas escenas. El centro así, tan independiente como vacío, se contraponía a un producto tan industrial, como la novela del canal 13.
Me dirigí a la gran puerta del centro, chequé por última vez la programación del mes de Mayo, y busqué la parada del 65, colectivo que me llevaría de nuevo a casa, a escribir todo lo que había visto, lo que me había gustado, y lo que no.
Hola María,
ResponderEliminarMe parecen muy interesantes y ricos esos momentos del texto en los que ponés de manifiesto tus ideas personales, tu opinión y una actitud crítica. Los contrastes que planteas pueden ser espacios a seguir trabajando en futuras crónicas. Por ejemplo:
-"El centro, es enorme, tiene mucho potencial, podría estar lleno de exposiciones, de obras, de muestras, de espacios compartidos, de gente, de arte. Sin embargo, parecería estar desaprovechado, por lo menos en este momento, pues hay lugares, hay espacio pero no hay nada en ellos, está vacío."
-"El centro así, tan independiente como vacío, se contraponía a un producto tan industrial, como la novela del canal 13."
Me quedé con ganas de saber más sobre la radio. Cómo se llama? Quiénes la coordinan/participan? Qué alcance tiene, cómo transmite?
Y por último, te sugiero que revises el primer párrafo, puntualmente esta parte que cito, porque me resulta confusa:
"El mencionado centro está ubicado en Olleros 3640, esto es a pocas cuadras de la antigua sede de sociales. Lo que he hecho entonces, fue haber ido a la antigua sede y volver. Claro, en el viaje de vuelta a casa, pasaría por el centro, como hacía todos los días al volver a casa, el año pasado."
Saludos!!