miércoles, 11 de mayo de 2011

Se hace camino al andar.

Cuesta abajo, cuesta arriba, cuesta. Plasmar lo que uno es, lo que uno siente, no es nada fácil. No es fácil plasmar, no es fácil sentir. Crecer duele dicen por ahí, dicho y hecho.
Todo es un proceso, al igual que este trabajo.
Lo empecé en una semana complicada. Me daban vueltas muchas cosas por la cabeza, y ninguna tenía que ver con la facultad. Eran como un gran encuentro de nudos, se ataban y desataban ideas por todos lados, enredando cualquier pequeña ocurrencia que se animara a entrometerse. Como dice Oliverio, yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades, y lo peor,  cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás
Como decía , este trabajo tenía el último numerito en la fila de prioridades.  Sin embargo, descubrí que lo podía usar en mi favor. Cambiarle el título de trabajo obligatorio, ponerle el de puerta de escape. Y me fui, si me fui lejos, me fui abstracto, me fui.
Tarde nueve minutos. La primera vez de ese trabajo, ocurrió, me convenció y se plasmó, todo al mismo tiempo. Estaba contenta, me había llevado unos minutos escribir, lo que me había dado vueltas por días. Y estaba contenta, tenía un trabajo para presentar, algo para compartir.
Lógicamente, no se entendió nada, ni de dónde venía ni a dónde quería ir el texto. Había caminado en una dirección errónea, y ahora tenía que volver sobre mis pasos, y ahí comenzó la parte complicada. ¿Como traducir esa pirueta en los aires, en un paso de baile sistemático, bien pegadito a la tierra? ¿Como traducir esa pequeña locura, a un texto narrativo, coherente, cohesivo, que se portara bien, que hiciera travesuras dentro de sus límites?
Y así vengo,  menos mal que es un proceso. El texto fue reescrito, vale decir, cambiado, sólo algunos matices de la primer semilla quedaron creciendo, los demás fueron reemplazados. Fue reemplazado el personaje. El primer texto contenía a un buen hombre, pero codicioso, quien perdía la cabeza en su objetivo. La historia no era muy clara, pero si análoga a mi cabeza, a mi estado de pensamientos en esos días. EL hombre de la reescritura es trabajador, es perseverante, y es menos codicioso, aspira a algo perfectamente posible si los factores son y se conjugan correctamente. Hay muchas cosas que sé de él, de Miroslav, sospecho sin embargo no haberlas traspasado al papel, la idea en mi se va conformando de a poquito.
Mi trabajo es como la punta de un iceberg, hay tanto por debajo, dentro de mi mente, fuera del papel  y averiguar cómo representarlo es el dilema. A medida que pasan los días, la historia se me familiariza y creo conocerla desde hace mucho tiempo.
El proceso aún no acaba, recién comienza. A la historia la quiero, no me satisface en este momento, pero en el fondo una lucecita brilla. Me tomo unos días de buceo, para rodear el hielo y  retomar a la superficie, a mostrarle a los que quieran ver, que fue lo que encontré en el fondo.

1 comentario:

  1. Coincido en que todo es un proceso. Siempre tenemos prioridades y solo hay que saber organizarse; lo que importa es que realmente lo hiciste.
    Creo que siempre la primera version resulta de una catarata de ideas, que cuando es sometida a una lectura distante...se deben reveer varias cosas (por lo menos eso me sucedio a mi).
    Yo creo que nunca acaba el proceso, lo mas lindo es ese tiempo para bucear.

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